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La escultora que convierte la danza en obras de arte metálicas

Miriam Pérez Guerrero ha convertido el bronce en su lenguaje artístico, fusionando técnica, danza y simbolismo para dejar huella en el arte contemporáneo.

La escultora que convierte la danza en obras de arte metálicas
La escultora que convierte la danza en obras de arte metálicas

Desde temprana edad, Miriam Pérez Guerrero descubrió que su vocación estaba en el arte. Nacida en Mérida, Yucatán, ha dedicado su vida a la creación artística, con una formación sólida que se consolidó en la Academia de San Carlos, de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), donde cultivó una profunda apreciación por la técnica y la disciplina como cimientos del oficio artístico.

Convencida de que el talento no es suficiente sin preparación, Miriam defiende con firmeza la educación artística formal. “Soy una mujer muy respetuosa de la educación. Claro que no todos los artistas son buenos maestros ni todos los buenos maestros son buenos artistas, pero hay que saber cuándo un artista te está enseñando”, afirma.

 

 

Su lenguaje plástico se ha desarrollado especialmente en el trabajo con metales, en particular con el bronce, material que le permitió combinar solidez con dinamismo. Gracias a su formación en danza, ha logrado trasladar el movimiento corporal a sus esculturas. “Hacer danza es hacer un millón de esculturas en un segundo. Hacer escultura es congelar un segundo de esa danza para siempre”, comparte.

El reconocimiento internacional no ha sido ajeno a su carrera. En 2016 ganó el primer lugar en la Bienal de Escultura de Valldoreix, en Barcelona. Un año después, fue galardonada con el Premio Internacional de Escultura Andrés Villa Pérez, en Castilla y León, por su destacada trayectoria en el ámbito escultórico.

Sus obras forman parte de espacios públicos y museos tanto en México como en Estados Unidos y España. Algunas de las piezas más representativas incluyen Danza, Kukulcán, el vuelo de la serpiente, Ruedas del Tiempo y El Carro del Sol. En todas ellas, la artista fusiona mitología y simbolismo, inspirándose en culturas como la maya, la mexica y la grecorromana.

Para Miriam, el arte es también un acto de crecimiento espiritual y rigor constante. En sus palabras: “El talento es una semillita que Dios nos da, pero hay que ponerla en buena tierra, abonarla, regarla”. Así, su obra se vuelve reflejo de una vida guiada por la creatividad, la disciplina y el poder transformador de la forma.

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