
Científicos descubren que podrían combatir la desertificación con cianobacterias
Un proyecto científico en China utiliza cianobacterias —organismos milenarios— para transformar arena en suelo fértil y recuperar ecosistemas degradados.
La desertificación es uno de los grandes desafíos ambientales del siglo XXI. Millones de hectáreas de tierra fértil se degradan cada año debido al cambio climático, la erosión y el uso intensivo del suelo.
En medio de este problema global, investigadores chinos están apostando por una estrategia sorprendente: usar microorganismos ancestrales con capacidades extraordinarias para reconstruir la base biológica del suelo. El proyecto se desarrolla en regiones áridas cercanas al Desierto de Taklamakán y en zonas de Ningxia y Xinjiang, bajo iniciativas vinculadas a la Academia China de Ciencias. La propuesta no busca crear un oasis artificial de inmediato, sino activar procesos naturales que permitan que la vida vuelva gradualmente a terrenos donde hoy solo hay arena.
Las cianobacterias: los microorganismos que “construyen” suelo
Los protagonistas de esta estrategia son las Cianobacterias, organismos microscópicos que existen desde hace más de 3.500 millones de años. Estos seres vivos forman lo que los científicos llaman costras biológicas del suelo, una capa viva fundamental para los ecosistemas desérticos. Estas costras actúan como una especie de infraestructura natural que estabiliza el terreno y crea las condiciones para que otras formas de vida puedan desarrollarse.
Las cianobacterias producen polímeros extracelulares, una sustancia pegajosa que funciona como un auténtico “pegamento vivo”. Este compuesto une las partículas de arena suelta, formando una estructura más compacta y resistente frente al viento. Gracias a este mecanismo, el suelo puede consolidarse en apenas 10 a 16 meses. Cuando las cianobacterias se cultivan previamente en laboratorio y se introducen de forma controlada en el terreno, el proceso que normalmente tardaría décadas puede reducirse a uno o tres años.
Un efecto dominó en la recuperación del ecosistema
El impacto de estos microorganismos va mucho más allá de estabilizar la arena. Una vez establecida la costra biológica, comienzan a producirse transformaciones profundas en el ecosistema. Entre los efectos más importantes destacan:
- Captura de carbono mediante fotosíntesis y generación de materia orgánica.
- Aumento gradual de nutrientes esenciales como nitrógeno y fósforo.
- Mayor retención de humedad en el suelo.
- Reducción de la erosión provocada por el viento en más del 90%.
Estos cambios crean condiciones favorables para que germinen pastos, arbustos y otras plantas, iniciando una sucesión ecológica que puede transformar paisajes desérticos en ecosistemas más complejos. A medida que estas comunidades microbianas se desarrollan, aumenta la diversidad del suelo y se activa una recuperación ecológica que puede extenderse durante años.
Para los investigadores, este enfoque representa una nueva forma de combatir la desertificación: trabajar con los procesos naturales en lugar de intentar reemplazarlos. Si estos experimentos continúan dando resultados positivos, los diminutos organismos como las Cianobacterias podrían convertirse en aliados clave para restaurar ecosistemas degradados en distintas regiones del planeta.
En un mundo que enfrenta crisis climática y pérdida de suelos fértiles, estos microorganismos milenarios demuestran que los mayores “poderes” de la naturaleza a veces se encuentran en las formas de vida más pequeñas.










